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Eduardo Salcedo-Albaran y Luis Jorge Garay en On24 con Foro Regional Rosario, Argentina: ¿Cómo piensan los líderes narcos?

December 9, 2013

Un análisis minucioso de dos especialistas colombianos, explican como fueron perfeccionando el “Modelo Escobar”

 

 

El martes 12 de noviembre, ON24 publicó un artículo de opinión que fue muy consultado por los lectores. En el marco de una lucha temeraria que se está viviendo en Santa Fe entre las fuerzas del Estado y los grupos narcos en total connivencia con los estamentos policiales, Eduardo Salcedo-Albarán*  y Luis Jorge Garay Salamanca* (especialistas colombianos convocados por el Foro Regional Rosario y este medio), tomaron la experiencia que se vive en su país y explicaron por qué es un error localizar los efectos del narcotráfico y no tomarlos como un tema de agenda nacional y regional, convocando líderes políticos de todos los países de Sudamérica para que puedan diseñar una agenda en común.

 

En este caso, los directores de la Fundación Vortex, ofrecen un análisis detallado que nos permite ingresar en la “matrix logística” de los grupos narcos que se fueron perfeccionando a partir del surgimiento de Pablo Escobar. A continuación, el informe:

 

Al rededor del mundo son conocidas las hazañas perversas de Pablo Escobar. También se sabe que el Estado Colombiano desarticuló el Cartel de Medellín. Colombia usualmente se presenta como un ejemplo internacional de éxito en la lucha contra el narcotráfico porque ha evitado que resurja un nuevo Pablo Escobar, cuando lo cierto es que a los actuales narcotraficantes no les interesa - ni les sirve- ser un Escobar.

 

En efecto, el Estado Colombiano ha sido exitoso capturando y dando de baja narcotraficantes. Incluso, ha liderado operaciones transnacionales para capturar de manera simultánea narcos en América y Europa. Pero no ha tenido éxito frenando la evolución del narcotráfico en general. Por ejemplo, el Estado Colombiano no evitó que un director de su agencia nacional de inteligencia, así como alcaldes, gobernadores y congresistas, establecieran acuerdos con grupos narco-paramilitares.

 

¿Qué sucedió para que luego del éxito frente al Cartel de Medellín, el narcotráfico infiltrara el núcleo del Estado Colombiano? Algo muy simple: Los narcotraficantes evolucionaron y aprendieron que casi siempre es más útil utilizar las instituciones del Estado, que intentar destruirlas.

 

Primera Generación: El Cartel de Medellín

 

El primer grupo de narcotráfico Colombiano mundialmente respetado fue el Cartel de Medellín. Este grupo operó principalmente con sobornos a policías, lo cual era útil en el corto plazo para transportar insumos y drogas ilícitas, y cuando el soborno no era efectivo, se recurría a la violencia. “Plata o plomo”, se recita aún hoy día como la estrategia típica de los narcotraficantes, cuando lo cierto es que ni la plata ni el plomo son realmente efectivos en el mediano plazo. Los narcotraficantes actuales van más allá de la plata y el plomo.

 

A la par del soborno, los líderes del Cartel de Medellín participaron directamente en política. En 1982, Escobar fue elegido congresista suplente representando de su departamento, Antioquia, pues quería legislar contra la extradición de Colombianos a Estados Unidos. Pero Escobar no se preocupó por contar con capital político para que otros congresistas lo aceptaran o apoyaran.

 

Escobar acumuló capital social en su cuidada natal, Medellín. Construyó y regaló casas a los más pobres, y canchas de fútbol para que los jóvenes pudieran jugar –los mismos jóvenes que trabajaban para él como sicarios y morían diariamente en las calles de Medellín. Por su parte, Carlos Lehder, otro líder del Cartel de Medellín, fundó un partido político -el Movimiento Cívico Latino Nacional- que usó para atacar la extradición. Ledher y su partido político también regalaban mercados y dinero a los más pobres.

 

Sin una estrategia para lograr apoyo de la clase política, Escobar no fue aceptado; al contrario, su humilde procedencia, y sus antecedentes y objetivos criminales quedaron expuestos. Nada peor para un capo como Escobar, que exponerse al asedio de los medios de comunicación. Escobar se sintió humillado en debates del Congreso, renunció a sus aspiraciones políticas, y le declaró la guerra al Estado y a la sociedad Colombiana. Escobar quiso doblegar a la sociedad Colombia, y la verdad es que casi lo logra asesinando jueces, fiscales, policías y periodistas, y detonando artefactos en centros comerciales, edificios concurridos y vuelos comerciales.

 

La estrategia de Escobar finalizó el 2 de diciembre de 1993, cuando fue abatido sobre un tejado, acompañado únicamente por un escolta. Aunque hoy pareciera que murió desesperado y derrotado, en realidad fue necesario que el Cartel de Cali, grupos de paramilitares, fuerzas legales del Estado Colombiano y fuerzas de seguridad de los Estados Unidos, lo persiguieran hasta el cansancio.

Segunda Generación: El Cartel de Cali

 

En una segunda generación, el Cartel de Cali ocupó el vacío de poder del Cartel de Medellín, pero adoptó una estrategia distinta. Los líderes del Cartel de Cali reconocieron el valor del anonimato, y evitaron participar directamente en política o aparecer en medios de comunicación. Hicieron millonarias inversiones en negocios legales y financiaron la campaña de un Presidente de la República. Les pareció más conveniente comprar el agradecimiento del Presidente, que sobornarlo directamente. Creyeron que así evitarían la extradición a Estados Unidos.

 

No obstante, las decisiones del Estado Colombiano en la lucha contra el narcotráfico siempre han sido estrictamente examinadas por el gobierno de los Estados Unidos. Luego de que se conocieran pruebas del apoyo del Cartel de Cali a la campaña del Presidente Ernesto Samper, el gobierno de Estados Unidos retiró al gobierno Colombiano la certificación en lucha contra el narcotráfico. Ante las presiones directas del gobierno estadounidense, el gobierno de Samper se vio casi obligado, en últimas, a crear un bloque de búsqueda que permitió capturar a los hermanos Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali. En principio, esto preservó las relaciones con Estados Unidos, a pesar de que dicho país retiró la visa al entonces presidente de Colombia.

 

Tercera y cuarta Generación: Del Norte del Valle a la narco-para-política

 

Como resultado de la captura de los Capos del Cartel de Cali, sucedió una fragmentación de la que emergieron nuevos capos, conocidos como el Cartel del Norte del Valle. Valorando aún más el anonimato y evitando los sobornos a funcionarios de alto nivel, las nuevas generaciones avanzaron en la consolidación del poder local junto a grupos paramilitares que para ese momento operaban en buena parte del territorio Colombiano. Durante la segunda mitad de los noventa, narcotraficantes y paramilitares de derecha, que confrontaban las guerrillas de las FARC y el ELN, unieron esfuerzos para acceder a cargos públicos en el nivel local y luego alcanzar poder en el Congreso de la República. Pero ya no de manera directa, como Escobar pretendió hacerlo, sino financiando campañas locales y estableciendo acuerdos con líderes políticos y funcionarios públicos del nivel local y nacional.

 

Hoy se sabe de múltiples reuniones entre comandantes narco-paramilitares y candidatos para establecer e incluso firmar acuerdos en varios municipios. Los narco-paramilitares se comprometían a aportar dinero para campañas y obligar a los votantes a elegir un candidato, el cual, una vez elegido, tendría que nombrar en los cargos más importantes a miembros cercanos al grupo narco-paramilitar. Con esta estrategia, los  grupos narco-paramilitares eligieron varios alcaldes y obtuvieron protección y lealtad de autoridades locales, manejaron el presupuesto público e incluso eligieron bancadas en el Congreso de la República para legalizar sus intereses, siempre con el aparente cumplimiento de las formalidades de la democracia.

 

Peor aún, en muchos casos fueron líderes políticos y candidatos quienes buscaron a los comandantes narco-paramilitares para que con su poder de violencia, arreglaran elecciones. En esta etapa, ya no se puede hablar de corrupción o Captura del Estado por parte de grupos narco-paramilitares, sino de cooptación; es decir, coordinación y alienación de intereses y acuerdos de doble vía entre funcionarios públicos, líderes políticos, y criminales. En esta etapa se habla de una “Reconfiguración Cooptada del Estado”.

 

Fue tal el poder y la legitimidad que los grupos narco-paramilitares alcanzaron en el territorio colombiano, que el 23 de Julio de 2001 firmaron un pacto para “construir” una “Nueva Colombia”. Comandantes de las Autodefensas Unidas de Colombia -hoy algunos extraditados a Estados Unidos-, alcaldes, gobernadores, concejales y empresarios, entre otros, firmaron el documento conocido como “Pacto de Ralito”. Esto, a la par de una intensa estrategia de violencia sobre la población rural, que condujo a una tragedia humanitaria sin precedentes, caracterizada por masacres, desplazamientos y despojos masivos de tierra, al punto de que en los últimos veinte años ha habido cerca de cuatro millones y medio de personas desplazadas (10% de la población colombiana) y más de seis y medio millones de hectáreas despojadas o abandonadas de manera forzosa.

 

Complejidad: El mayor reto

 

Durante las últimas dos décadas, las redes de narcotráfico han aprendido a infiltrar, manipular y utilizar las instituciones de distintos Estados. Aunque lo descrito sucedió en Colombia, en cada país donde el narcotráfico está activo se están gestando distintos procedimientos para cooptar y aprovechar las instituciones. No hay motivos para pensar que el Estado Argentino está blindado, o que actualmente no hubiera algunos jefes de policía, alcaldes o diputados colaborando con narcotráficantes.

 

Incluso dentro de Estados Unidos, con sus estrictos controles y sólidas instituciones, las redes de narcotráfico reclutan oficiales para convertirlos en espías, y han lavado billones de dólares a través de bancos respetados. Las acciones contra el narcotráfico que eran útiles hasta hace un par de décadas, hoy son prácticamente inútiles, de manera que se requiere una sólida voluntad y coordinación entre los sectores público y privado, que va más allá de capturas de capos o incautaciones de cargamentos. Sin esa voluntad, la sociedad argentina será testigo de un proceso de evolución y avance que actualmente se replica al rededor del mundo y que destruye las instituciones locales y nacionales en distintos países.

 

* Eduardo Salcedo-Albarán y Luis Jorge Garay Salamanca, para ON24 y Foro Regional Rosario

 

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