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Eduardo Salcedo-Albaran y Luis Jorge Garay acerca del narcotráfico en Rosario, Argentina

December 9, 2013

Después del informe de PPT, especialistas opinan desde Colombia para ON24. La nueva organización de los carteles en redes ¿Cómo combatirlos? ¿Qué errores se están cometiendo?

 

El informe elaborado por el programa que conduce Jorge Lanata, Periodismo Para Todos, relacionado al crecimiento del narcotráfico en Rosario que, con la intención de generar un mayor impacto en la audiencia, tituló “Rosario, la Medellín Argentina”, generó polémica entre las autoridades locales, al punto tal que la propia intendenta, Mónica Fein, dijo lo siguiente: “Duele que se recorte un problema tan grave a una ciudad y con tanta lejanía no entender que nadie está afuera de este problema”.

 

Eduardo Salcedo-Albarán* es Magister en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. Trabaja con centros de investigación, y agencias públicas y privadas en América Latina, Estados Unidos y África. Ha sido profesor en áreas de Evolución y Genética, Inteligencia Artificial, e Introducción al Pensamiento Científico. Actualmente es Director de Scientific Vortex Inc. Su trabajo teórico y visual sobre redes criminales ha sido discutido en medios de comunicación y seminarios al rededor del mundo, y expuesto en galerías como la Serpentine Gallery de Londres. Su último libro: “Narcotráfico, Corrupción y Estados: Cómo las Redes Ilícitas han Reconfigurado las Instituciones en Colombia, Guatemala y México”, publicado por Random House Mondadori México. (http://www.megustaleer.com.mx/ficha/9786073108782/narcotrafico-corrupcion-y-estados).

 

Por su parte, Luis Jorge Garay Salamanca* es Ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, y doctorado en economía del Instituto Tecnológico de Massachussets, Estados Unidos. Investigador visitante de las universidades de Cambridge y Oxford (1981-1982), Inglaterra. Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia. Asesor especial del Ministerio de Hacienda en el manejo de la deuda externa y la programación macroeconómica de Colombia (1984-1991). Actualmente es Director del Proceso Nacional de Verificación de la Comisión Nacional de Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento Forzado (que reporta a la Corte Constitucional de Colombia) es Director Académico de Scientific Vortex Inc. y es profesor visitante de Link Campus University en Italia. Ha publicado cerca de cincuenta libros, y más de ochenta artículos en revistas especializadas.

 

A ambos les sobran pergaminos y experiencia para hablar sobre el avance del narcotráfico, la especialización y organización en redes que están adquiriendo las bandas y de qué manera se debe poner límites al crecimiento y ramificación. Convocados por el Foro Regional Rosario y ON24, Salcedo-Albarán y Jorge Garay, ofrecieron un panorama desde Colombia para saber lo que puede llegar a pasar en nuestro país si no se combate este flagelo con políticas públicas serias a escala nacional e internacional:

 

“Los Zetas” roban hidrocarburos en México para venderlos a empresas “legales” en Estados Unidos, trafican con indocumentados que viajan a través Centroamérica y, también en Estados Unidos, lavan dinero con millonarias transacciones de caballos. “Los Zetas” no tienen un único jefe cuya captura lleve al colapso de la organización y no están concentrados en México; en Guatemala se habla de “Guate-Zetas” y, a pesar de las múltiples capturas de sus líderes, siguen operando con éxito.

 

“Los Zetas” no sólo participan en narcotráfico, no sólo operan en México y no tienen estructura totalmente piramidal. Sin embargo, se les define como un Cartel de Narco Mexicano. Y lo son, pero son mucho más. Atrás quedó la época de carteles colombianos como el de Medellín, dedicados al narco, asentados en una ciudad y con un Pablo Escobar cuya muerte llevó al colapso de la organización.

 

Este no es un simple tema de definiciones: se trata de que autoridades, políticos, empresarios y líderes sociales entiendan la verdadera magnitud del crimen transnacional, ese que actualmente se expresa en Rosario. Ya no hay Carteles de Narcotráfico Mexicano o Colombiano, sino redes de crimen transnacional, con subredes que operan de manera casi autónoma en municipios, que participan en actividades ilegales distintas al narcotráfico -extorsión, piratería, secuestro y minería ilegal, entre otros-, y que operan a través de países y continentes.

 

“El narcotráfico está en Rosario, no en el país”, señalaba un alto funcionario público en Argentina hace algunas semanas. “El narcotráfico está en el Hemisferio Occidental, y en el mundo, no sólo en Rosario”, habría que aclararle. Las actuales redes de crimen transnacional operan a escala global; incluso aquellas dedicadas al narcotráfico en Latinoamérica interactúan con redes criminales en China para lavar dinero, y en África Occidental para abastecer el mercado europeo. Si el narco fuera un problema local, no digamos de una ciudad como Rosario, sino de un país, no tendríamos tantas agencias y comisiones internacionales discutiendo medidas para afrontarlo.

 

Es lógico que las autoridades se concentren en identificar y enfrentar expresiones locales del crimen, pues usualmente faltan mecanismos para compartir información y coordinar tareas con agencias de otros países. Sin embargo, actualmente cualquier esfuerzo de lucha contra el narco comienza por reconocer su complejidad y su escala global.

 

Puede pretenderse que el narcotráfico opera sólo en Rosario, y que no hay funcionarios públicos, familias respetadas o empresarios involucrados. Un partido político o un funcionario público puede culpar al otro por la situación actual. Pero esas pretensiones son inútiles cuando en la realidad cada vez más sectores se involucran en la actividad ilícita.

 

Mientras no se entienda la complejidad de las redes que operan en Rosario, en Argentina y en el mundo, esas pretensiones sólo conducirán al aumento de violencia, a heroicos funcionarios públicos asesinados y a un caos institucional sin retorno.

 

Durante varios años, Colombia pretendió que el narcotráfico era problema menor y aislado. Cuando líderes políticos se percataron, Pablo Escobar ejercía como suplente en el Congreso de la República. Un día le prohibieron la entrada al edificio por no usar corbata, pero eso no evitó el fatal destino del país en los años siguientes.

 

En Colombia se pretendió que el narcotráfico era problema exclusivo de Medellín; entonces  Escobar comenzó a detonar artefactos explosivos en concurridas plazas comerciales de la capital. Un día, durante la celebración del día de la madre. En otra ocasión, derribó un vuelo comercial. Se pretendió que el narcotráfico terminaría con la captura de Escobar, y luego vino el Cartel de Cali, el Cartel del Norte del Valle, la narco-guerrilla y los narco-paramilitares. Una década después de la muerte “Del Patrón”, las altas cortes de Colombia condenaban a funcionarios públicos del nivel nacional por sus vínculos con narco-paramilitares.

 

Sólo cuando en Colombia líderes y sociedad reconocieron la magnitud del problema, se tomaron acciones medianamente efectivas para controlar la expansión del narcotráfico. Se expulsaron muchos miembros de la policía que eran parte de la nómina de carteles, se crearon unidades especializadas para perseguir e investigar el narco, el secuestro y el lavado, y se mejoró el flujo de información con autoridades de otros países. Con todo esto, el narcotráfico no ha desaparecido, al contrario, ha servido de punto de encuentro para todas las actividades criminales, cooptando las más altas esferas de la política, la administración pública y hasta el Ejército Nacional.

 

Las actuales redes de crimen transnacional desbordan a la policía local. Cualquier interés por desarticularlas requiere medidas de largo plazo que involucran a toda la sociedad. Es necesario comprender el nivel y los mecanismos de colaboración entre narcotraficantes, empresarios y funcionarios públicos, coordinar todos los niveles y organismos de seguridad y establecer pactos para que los empresarios rechacen dinero sucio. Pero, ante todo, es necesario entender que el narcotráfico es un problema global que se expresa en Argentina; es un problema transnacional del mundo para Rosario.

 

  1. *Eduardo Salcedo-Albarán y Luis Jorge Garay Salamanca, para ON24 y Foro Regional Rosario

 

Fuente: On24.com

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